martes, 2 de diciembre de 2014

Mens sana in nómina sana

Dice la canción que tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor. Yo añado: el dinero está claro, pero más te vale tener un trabajo que haga de soga para amarrar a las otras dos y que no se escapen. Me explico y empiezo por la salud y su relación con la estabilidad laboral.  
 
Evidentemente gozar de buena o mala salud es una lotería que no se puede elegir. No podemos culpar a nuestros progenitores por la herencia genética (dinero no, pero artrosis, juanetes, problemas vasculares o nerviosos y otras deliciosas patologías eso sí, a discreción). Sí que es verdad que uno puede meter papeletas en la tómbola y castigar su cuerpo de forma voluntaria, llámese alcohol, drogas, sedentarismo, mala alimentación, tabaco… Ay, el tabaco… Un minuto de silencio por los más de cinco años que llevo sin fumar. Cómo dirían los ingleses, “my favourite thing” (mi vicio favorito). Lo abandoné vilmente de un día para otro. Sin una carta de despedida ni nada. Lo echo de menos, no lo niego. Pero mi salud y sobre todo mi economía me lo agradecen cada día. Los malos hábitos son pésimos para el bajo estado de ánimo. Yo también decía “es que me fumo un cigarrito para relajarme y me ayuda”. Mentira. Si estás nervioso te tomas una tila o te das un paseo. “Es que me tomo un whisky y se me quitan las penas”. Mentira. El alcohol potencia la ansiedad y a medida que vas bebiendo tu estado de euforia inicial va pasando a uno lamentable en el que acabas llorando en el hombro del primero que pase. Por eso siempre hay que beber con amigos porque es muy triste que te consuele un desconocido. Pero no entremos todavía en esas tierras pantanosas…
 
Aparte de lo que los seres humanos hacemos para pocharnos antes, es cierto que debemos cuidarnos, no sólo para no correr riesgos estúpidos, sino porque, al parecer, vamos a estar aquí muchos años gracias a los avances médicos. Qué estupendo, ¿no? Pues hombre, depende. Porque llegar a los cien años y que haga cincuenta que tuviste tu último trabajo, vives de la caridad porque no tienes una pensión de jubilación, hace veinte que te independizaste de tus padres (porque murieron y te dejaron la casa en herencia) y tu cuerpo está lleno de lesiones de tanto deporte que has hecho para conservarte bien, y además tu cabeza está a las siete y media, pero no puedes meterte en una residencia porque no te lo puedes pagar, pues… no sé yo si merece la pena.
 
Sólo quiero ejemplificar, de un modo extrapolado pero no por ello menos real, que la falta de trabajo es el cáncer de nuestra sociedad moderna y aún más en este nuestro país. Bien, si la gente no trabaja, no cotiza a la Seguridad Social, y si las arcas gastan mucho e ingresan poco, se suceden los famosos e injustos recortes en sanidad. No es casualidad que cada día más gente opte por hacerse un seguro médico privado. Pero eso hay que pagarlo y ahí está el chiste. Si de repente caes enfermo y tienen que hacerte pruebas por “lo público”, cruza los dedos para que no sea grave, porque si lo es, te pueden pasar seis meses hasta que te enteres. En lo que la sanidad pública te da cita para ello, en la privada te han hecho un estudio exhaustivo (demasiado en mi opinión) y estás ya sano como una pera. Pero si no trabajas, no te lo puedes permitir y puede ser motivo para sentirse aún más desgraciado.
 
Si hubieras tenido una estabilidad laboral durante toda tu vida, te hubieras independizado siendo jovencito (20-25 años), hubieras formado una familia (tus hijos podrían cuidar de ti), habrías cotizado a la Seguridad Social muchos años para recibir una buena pensión y te jubilarías a una edad suficiente como para poder disfrutar aún de la vida, a la par que aún no eres material de derribo. Esto es la teoría. La realidad de muchas generaciones está muy lejos de ella. Por eso digo que para ser feliz la salud es imprescindible, está claro, pero sin trabajo la cosa se complica ante una situación de enfermedad sobrevenida y aún más al envejecer.
 
Siempre me causa risa la gente que dice “es que hay ricos que son muy infelices, porque no tienen más que dinero”. Efectivamente, los habrá (yo aún no he conocido a ninguno, la verdad sea dicha). Pero si hay algo peor que estar enfermo, debe ser estar enfermo y además ser pobre. Ante una situación crítica, el rico se puede morir, el pobre se muere seguro. Por mucho que nos cueste admitirlo (porque nos gusta pensar que lo material no es tan importante), con posibles la vida se vuelve mucho más fácil. Personalmente no tengo grandes aspiraciones en cuanto al vil metal se refiere. Nunca los he tenido porque yo también me meto en el saco de los que piensan que hay muchas otras cosas con las que ser feliz. Pero no niego que me aterra la idea de que por culpa de la falta de estabilidad laboral, en un futuro, no pueda hacer frente a situaciones de esta índole, viéndose mermada la calidad de vida de mi familia.
 
Hoy la vida nos enseña que para ser felices debemos cuidar la salud (especialmente si no tienes trabajo) y que la longevidad está sobrevalorada.

 
 Continuará…

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